La pasión se transmite, se multiplica, se expande como las semillas

Estando en Coatepec, me hablan de Calli una escuela Waldorf, que lleva unas 8 años y que tiene 120 niñas y niños desde infantil hasta la secundaria. La verdad es que conozco la antroposofía de Steiner en la agricultura, pero no tanto en la educación, así que no dudo en visitar esta escuela, y enriquecerme con  esta aportación a la educación.

El lugar donde se ubica Calli, no se distingue del resto de casas de la zona, aunque al entrar ya se llega a un patio interior con una hilera de aulas a la derecha, en las cuales se agrupan los niños por edad.

Entro a la clase de primero y comienzan el día con juegos y canciones; las niñas, los niños cantan, se pasan un saquito de mano en mano, se mueven de un lugar a otro, disfrutando de cada uno de los juegos y canciones. Al terminar con esto se sienta cada cual en su mesa y antes de iniciar la siguiente actividad cantan otra canción que la introduce. La maestra cuenta un cuento, para presentar el dibujo que realizarán ese día:” Esta es la historia de una abejita que baja al charco, ve su reflejo y sube; vuelve a bajar al charco,ve su reflejo y sube….” y la maestra hace el dibujo en la pizarra, comenzando por el lado de la luna (la izquierda) yendo hacia el sol (la derecha), y en simetría. Cada niño agarra sus pinturas y hace este mismo dibujo con mucho esmero en su cuaderno.

Dibujo del día de hoy, comenzando por la luna, hacia el sol

Dibujo del día de hoy, comenzando por la luna, hacia el sol

Y al caminar por el resto de la escuela esto es lo que se respira; mucha creatividad, canciones constantemente y dibujos realizados con mucho cuidado y dedicación. Y al hablar con la directora, me cuenta que en la educación Waldorf se ve al niño ” como un ser espiritual” al que hay que apoyar a que se desarrolle ¡Qué curioso; exactamente igual que en Montessori!

Continúo caminando y llego a la huerta, donde me encuentro con Arturo, el encargado. Encantado me habla y me cuenta cómo hace su trabajo y cómo lo presenta a los niños; la pasión por la huerta le sale por todos sus poros. Me va presentando las plantas una a una: la col, el cilantro, la lechuga… y me da para probar varias de ellas. Y aquí: “¡La reina de la huerta, la ortiga!” , que tiene muchos usos tanto para los humanos como para las plantas. Hasta me muestra como tocarla para no pincharme, acariciándola de abajo para arriba, con mucho cariño.

 

Y en este huerto unas plantas están al lado de otras; las grandes con las pequeñas, y cuando se cosecha algo y se queda un hueco plantan otra, de manera que todo rota constantemente. hay plantas comestibles, aromáticas y beneficiosas para la tierra; cada una en su lugar.

Las lechugas no se cosechan enteras, sino que se consumen hoja a hoja y así los niños calculan cuántas hojas da una lechuga.

Y hay orugas que se comen las hojas de la col; pero gracias a esto los niños pudieron ver en vivo y en directo ( ni en un documental, ni en libros de texto), cómo la mariposa iba colocando todos los huevos en forma hexagonal perfecta, respetando la geometría sagrada; vieron cómo eclosionaron lo huevos y cómo salieron las orugas; cómo crecieron y cómo hicieron la metamorfosis a mariposa. “¡Qué teoría hace falta cuando los niños lo han vivido!” me dice Arturo.

Y hay algunas plantas que parece que están subidas “¿ Por qué esta lechuga tiene flor, si normalmente se consume antes de que le salga?” porque guardan las mejores plantas para sacar semillas y así completar los ciclos de la naturaleza. Y los niños se dan cuenta que de un guisante que plantaron consiguieron más de 60 semillas, y de una lechuga más de 600. “¡Qué mágica  y generosa que es la vida; se reproduce, se multiplica!” y esto mueve a internamente a los niños y comentan “Vamos a repartir semillas de lechuga para que cada mexicano tenga lechugas”.

Pero esta manera de reproducción que tienen las plantas, esta generosidad es similar a la que siguen otros procesos, sobre todo los que se hacen con pasión. En este caso, la pasión de Arturo por la plantas, tanto en la huerta como en el bosque comestible que está creando, se ha transmitido a los niños, y ahora son ellos los que les piden a sus padres que quieren una huerta en casa. Y esta pasión no sigue la regla matemática de 1+1 = 2; sino la de las semillas, la pasión de Arturo puede que siga la del guisante, que se multiplique por 60, o tal vez la de la lechuga, que se multiplique por 600.

Y creo que cualquier cosa hecha con pasión se multiplica por un número que ni sabemos, con unos resultados que no podemos prever, pero que sin lugar a dudas esa pasión se transmite. Y creo que es algo de lo que está pasando con todas las iniciativas educativas llevadas a cabo con pasión; en un primer momento parece que es algo que se hace para ese grupo de gente que pertenece al proyecto, para resolver una necesidad; pero inconscientemente, si está hecho con pasión, se expande, se multiplica, se transmite a no se sabe cuánta otras personas, que a su vez lo multiplican.

¡Cuánto que aprender de la naturaleza!

 

 

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