El segundo plano del desarrollo: los niños de taller

El 7 de julio pasado la mexicana y especialista Montessori Julie Noriega dictó la charla “¿Cómo mantener los elementos esenciales en la práctica Montessori?”. En aquella oportunidad la experta mexicana sintetizó los principales aspectos de la educación para niños de entre 6 y 12 años y realizó una serie de recomendaciones (algunas propias, otras basadas en experiencias de terceros) sobre cómo trabajar con los menores de Taller. El presente artículo rescata los tópicos relevantes de la charla.    
Por Jorge González
Alrededor de 1948, tras décadas de observar y trabajar con niños, María Montessori elaboró “Los Cuatro Planos de Desarrollo”. Cada uno de estos planos corresponde a una fase de crecimiento particular en la vida de un menor y se basa, lejos de razonesetáreas, en las necesidades y características naturales de los pequeños.
La primera etapa, correspondiente a la infancia, abarca desde los 0 a 6 años, está subdividida y María Montessori la representa como un triángulo invertido de color rojo, por ser una época de grandes transformaciones. Este plano, referido a la educación preescolar, es uno de los campos donde se cuenta con mayor información y experiencia dentro del mundo Montessori. No obstante, la etapa que le sigue, el segundo plano de desarrollo, es una fase donde, a juicio de Julie, aún hay mucho por innovar.
Los niños del segundo plano
Un guía trae un perro San Bernardo, le pone una máscara de gato y luego llama a un niño de tres años: ¿Qué ves? –le pregunta. Y el menor responde: Un gato. Al rato, la mujer llama a otro pequeño -esta vez un poco mayor- y repite la pregunta. ¿Qué ves?El menor le dice: Un perro gato. Unos minutos después la guía llama un tercer niño, ya cercano a los 6 años, y reitera el cuestionamiento: ¿Qué ves? El jovencito, con tono de obviedad, le contesta: pues un perro con máscara de gato.
Esta anécdota, relatada por Julie Noriega durante sus charlas en el CEM, ilustra las diferencias que existen en niños de distintas edades y, más importante aún, da luces de las necesidades disímiles que tienen a lo largo de su crecimiento. En ese sentido, aclara la especialista, “para que un menor pueda satisfacer las necesidades específicas de una etapa debe antes haber desarrollado las del plano anterior”.
En este segundo plano, correspondiente a la niñez, la gran búsqueda de los pequeños es conseguir su independencia moral e intelectual. Es un periodo representado por el color azul, ya que es un tiempo de relativa tranquilidad ubicado entre la infancia y la adolescencia.
A nivel físico, los niños de este periodo experimentan cambios en la dentadura, en el cabello (que se hace más pesado y más lacio) y en el tronco y extremidades, que se alargan y fortalecen; en lo emocional, se muestran menos cariñosos y más rudos que en el primer plano; y en lo social, demuestran un mayor interés por reunirse en grupos, pero ya no sólo para sentirse acompañados, sino para asumir roles precisos, para trabajar en algo común. De hecho, el muchacho que haya satisfecho sus necesidades de pertenencia en la primera fase, aquí se caracterizará por compartir las cosas y procurar el bien de su comunidad.
Independiente de lo anterior, el mayor potencial de estos menores se encuentra en el área intelectual y moral. En la primera demuestran una gran capacidad de abstracción y buscan responderse, con ahínco, el por qué de las cosas. Esto pudo vivenciarloMaría Montessori cuando fallecieron los peces de una escuela; al notar lo sucedido, los integrantes de Casa de Niños centraron su interés en expresar la muerte de los animales, mientras que los de Taller comenzaron a cuestionarse por qué habían muerto. Este ejemplo, ordinario, realza además el interés de los pequeños por la investigación.
En términos morales empiezan a buscar lo que es bueno y lo que es malo, discuten lo que les parece injusto y, aunque suelen ser muy obedientes, esperan argumentos para cumplir con agrado. Por eso, recuerda Julie, no fue extraño que un día su hijo regresara a la casa quejándose de una gran “injusticia” cometida por su guía: ella dijo que sólo cinco niños podían salir, aun cuando ellos eran cinco; y como él fue quien se quedó adentro, exigió saber porqué no podían ser tres, cuatro o seis. Su madre le dio la razón.
Características de un buen Taller
“Un grave error es ver a Taller como una de Casa de Niños grandes”, asegura Noriega. Y es que por mucho tiempo se relacionó la filosofía Montessori con la educación preescolar y se buscó extrapolar dicha experiencia hacia los mayores. Ello no es posible porque, aunque cada niño tiene su propia personalidad, hay etapas características en su crecimiento.
Por eso, al variar en cada plano de desarrollo las tendencias, las sensibilidades y las necesidades del menor, también deben cambiar el ambiente, los materiales y las actividades en que participa.
En ese sentido, cuando un ambiente de Taller es tratado como Casa de Niños se torna ordenado en exceso, estricto y artificial, al menos para un niño que busca tomar sus propias decisiones y lograr una independencia sicológica y ética. Lo mismo ocurre con los materiales, una ayuda didáctica que, de ser copiada de forma idéntica, deja de ser punto de partida de la exploración para convertirse en una traba a los intereses del pequeño.
Para ahondar en el tema la especialista mexicana cita a Camillo Grazzini, experto que brega, a modo de condición, por clases formadas por niños de edades desiguales y por frecuentes salidas de la escuela (no por viajes de estudios esporádicos y bien planeados). Al respecto, fue la propia María Montessori quien recomendó una diferencia etárea de, mínimo, tres años.
Lo anterior implica que Taller puede estar dividido de 6 a 9 y de 9 a 12 años o puede estar formado por un sólo grupo; lo importante, para ambas opciones, es que de existir la división se cuente con el material completo de Taller para cada grupo (y no que se le reste a uno para darle al otro), que haya libre tránsito entre ambientes para los niños de edades disímiles (lo que conlleva requisitos arquitectónicos de la casa y también contextuales, como manejar las puertas abiertas) y que cada joven pueda avanzar a su propio ritmo.
Recomendaciones para el guía
La oruga, al igual que otros insectos, posee una sensibilidad que la orienta hacia la luz. Esta cualidad es muy importante para ella porque le permite alimentarse de las hojas más tiernas de un árbol, que son precisamente las que yacen de cara al sol. Sin embargo, al renacer como mariposa, el insecto pierde esa capacidad porque ya no necesita guiarse por factores de luminosidad.
Con los niños, tal cual comparó María Montessori, sucede exactamente lo mismo. ¿Qué es propio, entonces, de fomentar en el Taller? Una visión cósmica, una valoración de la contribución del hombre a su mundo. Y la guía, que ya posee esa visión, no presionará al menor hacia un conocimiento específico, pues confía en el aprendizaje por añadidura y en la independencia como proceso.
Será un error, por tanto, considerar los materiales como único medio para desarrollar esa filosofía. Porque aunque están científicamente diseñados y es menester aprovecharlos, los materiales no representan el total del “menú”. De ahí que una de las labores del guía sea ofrecer múltiples alternativas al muchacho, tal como en un buffet se ofrece una serie de “cosas ricas” al comensal; si las opciones son escasas, el niño no encontrará con qué saciar su hambre de conocimiento y exploración.
El mismo cuidado debe tenerse con el ambiente, que muchas veces se da por sentado. La no intervención y control del niño redobla la importancia de un ambiente preparado e interesante, aunque no por ello estático. La ley, al respecto, es el cambio continuo; de lo contrario, con los días, las imágenes se transformarán en cuadros bonitos que nadie voltea a ver.
Una actividad simple y relacionada con el potencial del ambiente es la que Julie Noriega utilizó durante sus charlas: pegar en la pared, de forma aleatoria, una serie de preguntas y respuestas curiosas. ¿Cuántas narices tienen las hormigas? ¿Qué tan lejos puede oler el gusano de seda? ¿Qué color es el favorito de los mosquitos? ¿Qué hay más: polillas o mariposas? ¿Cuántas veces puede levantar su propio peso la abeja? ¿Por qué las mariposas tienen colores metálicos? La idea no es que el niño se las aprenda de memoria, sino que, al leer alguna, avive su interés por el tema y busque la respuesta y el “porqué”. En ese sentido, la imagen y la palabra -tan efectivas en la edad preescolar-  requieren ahora de información.
La mantención de los ambientes incluye cada uno de los espacios de una escuela, llámense gallineros, huertas, centro de acopio, corrales, jaulas, terrazas o patios (que deben ser cuidados por los mismos menores). Esto es clave ya que en este plano el salón les “queda chico” a los jovencitos.
En la mesa de observación se pueden colocar insectos muertos, plantas y minerales de diversa naturaleza, para despertar así la curiosidad de los pequeños. A ello se suma la existencia de una mesa donde los niños puedan colocar sus trabajos, en especial las maquetas que tanto les gusta hacer en este periodo.
Dado que el trabajo de los pequeños nace de sus propios intereses, es importante que la guía tenga una gran capacidad de observación y, todavía más, una gran pasión por sus materias; si la guía carece de estas aptitudes, difícilmente podrá captar el amor y la curiosidad que determinado elemento provoca en un niño. En otras, primero es la observación, luego, la planificación de las actividades.
Si bien la vida práctica debe plasmarse en el primer plano, es aconsejable que los niños recién ingresados tengan la experiencia de pelar zanahorias, barrer, limpiar ventanas o bolear zapatos en Taller.
La experiencia de Julie
Julie Noriega es dueña de una escuela Montessori en México y lleva ocho años trabajando como guía de Taller (tiene alumnos de 6 a 12 años en un mismo ambiente). Su experiencia en la educación Montessori dista en algunos puntos de la realidad chilena, pero su método de trabajo conlleva actividades dignas de analizar.
La “rutina” en el Taller de Julie se inicia con un círculo breve, aunque hay días en que los niños se ponen de inmediato a trabajar. En este círculo se ven las grandes lecciones (cada dos semanas, aproximadamente) y de ellas surgen variados temas de interés entre los menores, como los dinosaurios, los volcanes, los números romanos o los animales. También son buenas instancias para tratar lecciones intermedias o historias creadas, como fábulas o leyendas locales.
Tras el círculo se da un tiempo a los jóvenes para que piensen y participen del juego del silencio, una actividad propia de Casa de Niños y equivalente a un “reto” (el de estar callados) para los niños de Taller. Ahí, cada muchacho analiza y elige en qué desea trabajar.
En lo que a alimentación se refiere, cada viernes se diseña el menú de la semana. Los niños eligen los platos de una lista preestablecida y, antes de plasmarlos, preguntan a sus compañeros si pueden comer lo escogido. Después, con ayuda de Julie, anotan en una hoja los ingredientes necesarios y discuten las cantidades aconsejables para el grupo (evitando así, como una vez quiso una alumna, llegar con 20 kilos de poroto). El lunes los jovencitos traen los ingredientes y, a la hora de la comida, se busca un par de interesados en ser los cocineros. Cada cual consume una porción específica (cuando su cuerpo se lo dicta), lava los implementos y los guardan. La única condición: nada de comida “chatarra”.
En cuanto a las salidas, esta experta Montessori ha llevado a sus niños a la montaña, a fábricas, a parques, a universidades e incluso al extranjero. Juntos visitaron un mercado de mariscos y pescados (donde los niños entrevistaron a los pescadores), una comunidad indígena (donde escucharon historias y aprendieron de plantas nativas), una playa virgen (donde ahondaron en el tema de los volcanes, pues salía agua termal de la arena) y un laboratorio (donde una niña estuvo tres horas viendo bacterias bajo el microscopio). No importa el tipo de travesía, siempre son los niños quienes manejan las variables de producción, calculan la cantidad de gasolina por kilómetro, reducen los costos, piensan las colaciones y, algo del sumo importante, analizan las reglas y las consecuencias inherentes al viaje.
Los elementos de estudio y observación son múltiples e incluyen desde plantas hasta animales muertos. Al respecto, una actividad concreta fue la observación de un conejo atrapado por un perro, cuyo cadáver permitió a los niños –a quienes quisieron- aprender sobre el organismo.
A todo esto se suma el trabajo periódico en una huerta hidropónica, en un experimento para purificar agua, en representaciones de personajes históricos, en la mantención de la granja, en talleres de baile y, como se mencionó con anterioridad, en la preparación del ambiente con preguntas y respuestas como “cinco narices”, “11 kilómetros”, “azul”, “las polillas”, “30 veces su peso” y “para ahuyentar los pájaros con el reflejo de la luz”.

 

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