Yo no hago nada

Taller 2; treinta cinco niños y niñas de 9 a 12 años.
8:30 de la mañana. El salón está listo, porque varios niños y niñas lo han acomodado; han colocado las mesas, las sillas, han sacado punta a los lápices, etc.
Taller 2
De uno en uno, con paso bien pausado y en silencio va entrando cada niña, cada niño al salón y busca asiento. Después de un momento de toma de consciencia y relajación guiado, se levantan pausadamente y comienza la actividad.
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Algunos trabajan en grupo.  Otros van a por un material y se sientan  a trabajar individualmente, en una de las mesas agrupadas de tres en tres. Algunas son actividades presentadas por las guías y otras elegidas por ellos mismos.
Y el trabajo es bien variado; desde hacer con plastilina una serpiente o un tiburón que ven en un libro, hasta  raíces cuadradas con el tablero de clavijas. Desde investigar sobre los mayas creando una línea en el suelo llena de figuras, dibujos, imágenes, mapas, libros, hasta tocar la flauta fuera y plantar una semilla. Desde escribir un aviso para informar a las familias que hay una reunión, hasta leer un libro y escribir sobre lo leído; multiplicaciones y divisiones con diversos materiales, números romanos, experimentos, gramática, acomodar los cojines de todo el salón etc.
Y a la vez que ocurre todo esto, niños y niñas comiendo de tres en tres, para lo que se tienen que organizar: uno sirve la comida, otro el postre y el agua y otro espera, ya que luego fregará los platos, y los otros dos limpiarán el suelo y la mesa. Y cuando un grupo termina, en seguida viene el siguiente. ¡Y al final del día todos han comido! ¿Pero cómo se han organizado?
Y no solo eso, dependiendo del día de la semana tiene diferentes grupos; de lengua, de matemáticas, de biblioteca, de música, etc. Algunos organizados por gustos, por niveles o por grados. Además de tres en tres se apuntan en una lista para preparar e impartir la clase de educación física del resto de salones. Así que hay grupos de niños que salen del salón, otros que vuelven, otros que organizan las mesas en el salón en grupos de 6 o 7 para trabajar, etc. Pero para todo esto, nadie les avisa, ni del día, ni de la hora, ni con quién…
Esto es una de las primeras cosas que me maravilló de este salón, la organización dentro de tanta actividad, la armonía y fluidez entre actividades tan variadas y sobre todo la autonomía con la que los niños se organizan, pasan de una actividad individual a una en grupo, de una de iniciativa propia a un organizada, etc.
Y yo no tenía otra pregunta en la cabeza que: “¿Cómo se llega a esto? ¿Cuál es el proceso? ¿Qué hace la guía?” así que se le pregunté. Y la respuesta fue: “Yo no hago nada”, y añadió “Tampoco podría estar pendiente de todos, pero yo no hago nada y así ellos se tienen que organizar y si no se organizan tienen la consecuencia natural de no poder hacer lo que tenían previsto. Por ejemplo hay una lista donde un grupo de tres niñas o niños se apuntan para  preparar la clase de educación física para todo el grupo. Si nadie se apunta o se les olvida prepararla, pues ese día todo el grupo se queda sin educación física.”
Y verdaderamente esta frase me quedó resonando en la cabeza: “Yo no hago nada” y cómo en la vida muchas veces la mejor manera de hacer algo es no hacer nada. Para que haya una verdadera autonomía del ser humano, es él mismo quien lo tiene que hacer.
Una gran lección.
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