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Un día en una escuela en Finlandia 1

¿Cómo seguir con esta investigación sobre educación?¿ A dónde ir?
Pues me dirijo al país que mejores resultado obtiene en PISA y es reconocido mundialmente por su sistema educativo. Hace tiempo escribí sobre Finlandia, pero como yo  necesito verlotodo con mis propios ojos,  para allá que voy.


Madrugamos para encontrarnos con Hannele( la maestra Montessori que trabaja en la escuela pública que vamos a visitar) en la estación de tren. Es de noche y hace frío en Helsinki, pero nos recibe con una gran sonrisa y aprovechamos todo el viaje en tren para que nos vaya contando, en su perfecto castellano sobre su escuela y la educación en Finlandia. Al bajarnos del tren cogemos un autobús urbano, en el que poco a poco se van montando los niños que van a la escuela; niños que desde los 7 años van a la escuela solos.
Sobre las 8 llegamos esta escuela, ( de unos 300 alumnos y alumnas) y ya están la mayoría de los niños en la puerta, con sus buzos de esquí , gorros y manoplas esperando, ya que las clases comienzan a las 8.15. Aprovechamos ese momento para que nos enseñe los espacios, y casualmente a primera hora de la mañana Hannele solo tiene dos niños, que ya están solos rellenando su libro de texto, pero que deciden acompañarnos por la escuela.

Esta escuela pública tiene una línea tradicional y otra Montessori, de manera que las familias pueden elegir la línea.  En la línea Montessori , por un lado están los niños de primero ( que empiezan con 7 años), los de segundo y tercero, y por último los de 4º, 5º y 6º. Los niños de las dos líneas en vez de estar separados, se unen para muchas actividades, por lo que se ve mucha flexibilidad y coordinación en la elaboración de estos horarios, y justo esa es la razón por la que Hannele hoy solo tiene dos alumnos.
La escuela es agradable, con pasillos amplios, muchos percheros llenos de ropa de invierno de los niños, sofás en cualquier pasillo, decorada con dibujos de los niños y muchos trabajos sobre el 100 aniversario de Finlandia que acaba de celebrarse.

Son los niños los que en perfecto inglés no enseñan su clase Montessori, de 4º a 6º y cómo organizan su trabajo. Cada uno de ellos tiene su horario de clases que son muy diferentes entre los niños de un curso y otro. En los horarios que están en su clase la profesora les propone unas cuantas tareas que deben hacer a la semana y son ellos los que organizan su tiempo para realizarlas; algo que les da mucha autonomía, se hacen cargo de su proceso de aprendizaje, de sus dificultades, etc. y como conté cuando visité las escuelas de Holanda, algo muy fácilmente aplicable a cualquier escuela pública.

Seguimos caminando por la escuela y vemos la clase de preprimaria, es decir, la de los niños de 6 años, ya que la primaria comienza a los 7 años. Los niños nos muestras el aula de textil, con maquinas de coser, y los trabajos que han hecho de ganchillo y punto; el aula de música, con baterías, guitarras eléctricas, teclado, etc. aunque nos damos cuenta que varias de las clases tienen piano en clase, ya que las maestras en la universidad en vez de especializarse, se preparan también para ser profesoras de música, de inglés, de educación física, de textil y carpintería.

Nos invitan a sentarnos a observar en el aula Montessori de 3º y 4º, y yo que podría pasarme horas observando acepto encantandísima. Es un aula amplia, aunque hay una zona en la que los pupitres ocupan prácticamente todo el espacio. Está rodeada de estanterías de madera con materiales Montessori; en una pared hay una pizarra digital y en el centro un piano separa el espacio. Todas las clases, y esta también, tienen un lavabo. Es un aula que suele atender a 25 niños y niñas, pero en este momento hay unos 15, ya que el horario es muy flexible y varios niños salen y entran según los idiomas, otras asignaturas que hacen con los de su mismo nivel, etc… ¡La flexibilidad de horarios muestra la flexibilidad de sus mentes! y se vive de una manera muy natural tanto en las maestras como en los niños.

Las niñas y niños se sientan en círculo en el suelo con la profesora. Ella habla de una manera muy suave y tranquila ( no entiendo nada de finlandés, por lo que solo me puedo quedar con su tono), los niños levantan la mano y parece que cuentan su fin de semana, de manera muy tranquila también y respetando los turnos. Les reparte a cada uno de ellos un texto con imágentes que parece que se trata de laponia (¡Qué interesante!); lo leen de manera individual y hacen preguntas; algunos de ellos observan detenidamente las imágenes. Cuando terminan se levantan y cada cual va a su pupitre a pegarlo en su cuaderno y vuelven; este cambio de dinámica se hace de manera armónica, y continúan. Sigue hablando y observo que los niños comienzan a hacer con su cuerpo por medio de mímica lo que les pide; deduzco que son las órdenes de gramática. ¡Me encanta la grámatica Montessori! y a estos niños parece que también; primero hacen las del verbo y después las del adjetivo.

Sin saber qué ha dicho la profesora los niños se ponen a trabajar en parejas: un par de niños con la serpiente positiva, otros con unas tarjetas de las estaciones autocorrectivas, otros dos con unas propuestas de lectura, un niño y una niña están en el ordenador de la profesora haciendo una investigación y 3 o 4 en un rincón donde hay una tienda. Trabajan de manera autónoma de manera que la profesora tiene tiempo de estar con nosotras y explicarnos que los niños tienen una serie de tareas cada dos semanas para hacer en pareja y ellos dedicen qué quieren hacer y organizan su tiempo.

En un momento la profesora hace un ritmo con sus palmas, que los niños repiten; por medio de este sistema llama la atención de los niños, y les avisa que es la hora de comer ( a las 11) y después cambiarán de clase.
Vamos al comedor amplio, organizado en forma de self – service. Por aquí van pasando los niños organizados en distintos turnos (aunque en ningún momento hayamos oído un timbre), y de manera autónoma cogen su bandeja, la comida que quieren comer, se sientan en una mesa y al terminar recogen.  Las profesoras comen  a la vez que sus alumnos y no hay personal de comedor, más que 4 o 5 personas en la cocina. A cualquier persona que haya estado en un comedor escolar, le extrañaría la tranquilidad y poco ruido que se respira en éste .El comedor es gratuito en todas las escuelas de Finlandia.

Aprovechamos la comida para seguir preguntando y preguntando…¡Cómo no! y en este caso nos interesa el programa KIVA contra el Bullying de la que forma parte esta escuela. Nos cuenta que hace varios años en una escuela Finlandesa se dió el caso de un asesinato de un alumno a otro. El gobierno ante estos hechos , planteándose que algo estaba fallando en el sistema educativo, encargó a la universidad de Turku un programa antibullying.  Desde que se está implementando este sistema que se basa en la prevención e incluye a toda la comunidad educativa, en el 80% de las escuelas se eliminó el bullying y en el otro 20% se redujo. El programa KIVA se está poniendo en práctica en varios países o escuelas concretas, como en el caso de la ikastolen elkartea.
Nos invitan  a clase de Hannele donde van a ensayar un villancico, que intentamos cantar con ellos ( tiktak tikitiki tik tak)… y ahora nos piden que les enseñemos uno en castellano y otro en euskera… que lo cantan mucho mejor que nosotras en finlandés.
Y de aquí, Josué, un niño español nos enseña la carpintería y lo que hacen allí. Es una carpintería profesional y Josué como un gran guía,  nos va mostrando cada herramienta y cómo se usa.

Hay niñas haciéndose una banqueta, otras pintando su trabajo y él nos cuenta que se está haciendo un periscopio… y nosotras nos quedaríamos aquí a construir cualquier cosa.

Son las 12 y los niños ya terminan su jornada escolar; alguno se queda porque tiene idiomas, pero como máximo hasta las dos.
Y nosotras salimos muy contentas de esta experiencia en esta escuela; un lugar agradable, sin estrés, donde todo fluye de manera armónica, donde se ven niños autónomos y relaciones de respeto entre personas.
Y una de las reflexiones que me llevo esque para crear un sistema así de flexible hace falta tener mentes flexibles, que se puedan adaptar, que creen horarios y asignaturas adecuadas a los niños. Y por otro lado, creo que las relaciones de respeto y la autonomía que se les da a los niños, no ocurren solo en la escuela, sino en la familia y la sociedad.
Lo bueno es que: ¡Como individuos sociales tenemos mucho que aportar en esto!

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